Estación de tránsito

Estación de tránsito

Estación de tránsito

Premio Hugo
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En reconocimiento A la mejor novela
Fecha de entrega 1964
Predecesor El hombre en el castillo de Philip K. Dick
Sucesor El planeta errante de Fritz Leiber

Estación de tránsito es una novela de ciencia ficción del escritor Clifford D. Simak. Fue publicada en 1963, y en 1964 obtuvo el Premio Hugo a la mejor novela.

Argumento

La novela comienza con la descripción de un campo de batalla. En ella encontramos elementos como cañones, banderas, pólvora, pero en ningún momento se nos ubica temporalmente, de manera que no sabemos si se trata de una guerra pasada o futura. De entre los soldados se nos cita el nombre de un superviviente: Enoch Wallace.

Un agente de la C.I.A. , Claude Lewis, le comenta al Doctor Erwin Hardwicke, perteneciente a la Academia Nacional de Ciencias, la asombrosa existencia de un hombre que, teniendo ciento veinticuatro años, aparenta sólo una treintena. Este prodigio ha permanecido durante años aislado del mundo en una región del estado de Wisconsin. Su nombre es Enoch Wallace.

Tras unos diez días observando el entorno de Enoch, el agente Lewis decide inspeccionar el hogar del extraño hombre, durante el espacio de tiempo diario en el que este abandonaba su casa. El edificio parecía presentar una luminiscencia especial. El agente descubre un pequeño cobertizo adosado a la casa. Al introducirse en el mismo descubre que se trata del habitáculo en el que vive Enoch. Tras esto, Lewis se dispone a entrar en la casa, pero al intentarlo descubre que le es imposible, ya que todo el material que la compone resulta ser realmente extraño: duro, resbaladizo pero no graso, excelentemente conservado y limpio, sin intersticio alguno a pesar de que ciertas zonas de la casa poseían un aspecto granular o poroso, los cristales son negros y opacos, etc. Cerca de la casa el agente se encuentra tres lápidas; dos de ellas pertenecen a los padres de Enoch. De la tercera no se nos revela nada durante este capítulo.

Durante este capítulo, el agente Lewis muestra al Doctor Hardwicke una serie de fotografías de la “tercera lápida”. Ésta muestra una serie de extrañas inscripciones grabadas aparentemente sin ningún sentido. Enoch pasa desapercibido en su entorno, a pesar de lo extraordinario de su longevidad. La C.I.A. se propone seguir investigándolo.

A partir de este momento la novela se desarrolla desde la perspectiva de Enoch. Éste es claramente el protagonista de la obra. Su casa está repleta de extrañas máquinas futuristas, y él parece ser el encargado de hacerlas funcionar. Algunas de ellas parecen servir para enviar mensajes, otras en cambio sirven para materializar. Finalmente descubrimos qué es en realidad la casa: se trata de una estación espacial en cuyo interior no se envejece, y Enoch Wallace es su encargado. En otro orden de cosas, Wallace sabe que está siendo observado.

Retrospectivamente, Enoch recuerda un pasaje de su vida. Una noche, sentado en el porche de su casa recibe la llegada de un forastero. Enoch le invita a beber, ya que el forastero parece sediento. Juntos comienzan a charlar y se preguntan sobre la naturaleza de las estrellas. Enoch siempre había pensado que cada estrella era como nuestro sol y que alrededor de cada una de ellas debían de orbitar otros planetas y que quizás en algunos de ellos hubiese vida. Tras esto el viajero cambia de apariencia: se trataba de un ser extraterrestre que buscaba a un hombre en la Tierra.

Así es como todo había comenzado. Enoch se había convertido en el único hombre que conocía la existencia de vida extraterrestre. Su casa había sido convertida en una estación a la que llegaban viajeros de todas las partes de la galaxia. La variedad de razas y formas de vida extraterrestre parece ser incontable, así como sus distintas culturas y formas de conocimiento. En este capítulo también se nos comenta la existencia de una chica del pueblo, Lucy Fisher, sordomuda, de la que cuentan tiene extraños poderes curativos. Enoch parece mostrar cierta simpatía hacia ella, al ser, como él, un ser aislado del mundo que lo rodea.

Los contactos humanos de Enoch son muy limitados: aparte de Lucy, el protagonista mantiene una relación de amistad con el cartero, el señor Winslowe. Cada mañana Enoch, abandona por una hora la estación, para, siempre acompañado por su rifle, acercarse a la carretera a charlar con Winslowe y recoger su correspondencia: multitud de revistas y publicaciones científicas de física y química principalmente. Como muestra de gratitud, Enoch le regala, siempre que puede, gran cantidad de extrañas maderas de todo tipo.

Esta vez, además de la correspondencia habitual, el protagonista recibe una carta personal y una estatuilla hecha por el propio Winslowe.

Se revelan más datos relativos a la extraña naturaleza de la estación. Ésta está creada de material extraterrestre, totalmente indestructible frente a las herramientas y armas convencionales de la Tierra. A todas excepto a las explosiones termonucleares, aunque esto no se nos aclara totalmente. Esto pone de manifiesto el temor ante el desarrollo de este tipo de armas, tan concurrente en películas y novelas de ciencia ficción posteriores a su descubrimiento, y que tuvo su punto álgido durante la Guerra Fría.

Ante la inminente visita de su amigo extraterrestre Ulises, Enoch recuerda otro pasaje pasado. En esta ocasión, conocemos como Ulises, al que Enoch bautizó de esta manera en honor al general norteamericano Ulises Grant, le plantea al protagonista ser el encargado de la estación Terrestre. Cómo trata de explicarle los viajes espaciales (sin dar ningún dato en este capítulo), así como la necesidad de discreción de la misma, por no estar la Tierra totalmente preparada para entrar a formar parte de las civilizaciones de la galaxia que gozan de este sistema de transporte.

La carta personal está enviada por el director de unas de las revistas a las que el protagonista está suscrito. El motivo de la misma es la curiosidad de dicho director, al tratarse Enoch de su lector más antiguo con ochenta años de suscripción. Enoch reflexiona entonces sobre su imposibilidad de permanecer por siempre desapercibido frente al mundo.

En este capítulo volvemos a conocer más cosas sobre la inmensidad de la galaxia: existen seres de todos los tipos, bípedos, viscosos y sin forma aparente, etc. Asimismo existen miles de culturas y de tecnologías. La Tierra, por su parte, todavía es un planeta muy primitivo, y los demás seres de la galaxia confían poco en los humanos como una especie de vida buena y responsable.

En este capítulo se nos plantea que el viaje interplanetario está basado en la violación de un postulado que el hombre admite como cierto: que la velocidad de la luz es la velocidad máxima del universo. Los impulsos en los que se basa este medio de transporte son casi instantáneos sea cual sea la distancia, pero el hombre ha supuesto que la velocidad de la luz era la máxima, puesto que todas sus observaciones así lo constataban.

Por otro lado, este método de viaje, se basa fundamentalmente en un concepto alternativo de teletransporte, de modo que la estructura molecular de un ser, así como su “esencia vital”, sus pensamientos, recuerdos, etc., son copiados en una estación y materializados en otra, dejando atrás un cuerpo inerte que tiene que ser consumido por una serie de ácidos y abrasivos. De este modo la novela no concibe el teletransporte en el sentido clásico o literal, es decir, como un transporte de átomos de un lugar a otro (lo que tantas veces comentamos en clase), sino como una copia y reproducción de un organismo con átomos del mismo tipo pero diferentes.

Enoch realiza una gráfica basada en complejas técnicas estadísticas extraterrestres para prever el futuro inmediato de la humanidad, y la gráfica le revela que inevitablemente la humanidad sufrirá otra guerra. La peor guerra de la historia.

Dos nuevos personajes visitan al protagonista: David y Mary. En realidad se trata solo de ilusiones auditivas y visuales, creadas por Enoch mediante unos artilugios de otro planeta, para aplacar su soledad. Pero tras varios años recibiendo visitas de estos dos personajes, ambos deciden no volver a aparecer, al no poder seguir manteniendo la farsa: los tres saben que David y Mary no son reales, pero actúan como si lo fuesen.

El protagonista reflexiona sobre la naturaleza de David y Mary. El primero era una creación de su mente en representación de un amigo ideal. En cambio Mary era una conjunción de todas las mujeres que habían significado algo en la vida de Enoch. Inducido por lo anterior, Enoch se da cuenta de la multitud de objetos, y presentes que los viajeros interestelares le han ido dejando a lo largo de todos los años de la estación. Gran parte de ellos no tenían utilidad, o, al menos, él no la había descubierto.

Aparte de sus amigos no reales, de Lucy y del cartero, y de su amigo Ulises, Enoch gozaba de vez en cuando de la compañía de unos viajeros del planeta Vega XXI. Pero hacía tiempo que no pasaban por la estación.

Enoch lee uno de las anotaciones de su diario, relativa a una de las visitas de los veganos ó hazers a la estación. Se trataba de seres bípedos, con una especie de aura de luz que recorría su cuerpo. Seres educados y afables. El motivo de su viaje, era la asistencia a un festival que se celebraba en un planeta alejado de Vega XXI, y que tenía como motivo una forma de arte desconocida en la Tierra. Como presente, le regalan a Enoch una máquina capaz de reproducir una gran cantidad de obras de ese extraño arte.

En este capítulo el protagonista recuerda una visita de un hazer anciano. Recuerda como de forma repentina e inevitable el ser cayó muerto mientras conversaban, y como su aura se apagó, transformándose su cuerpo en algo grotesco y monstruoso. Enoch pidió instrucciones a la Central Galáctica, encargada de coordinar las estaciones, los cuales le ordenaron obrar con el muerto de modo análogo a como se haría con un cadáver humano. Enoch decidió enterrar al vegano junto a las tumbas de sus padres.

Enoch es consciente de que, aún pudiendo abandonar la Tierra en cualquier momento, o incluso permanecer únicamente dentro de la estación, inalterable y sin envejecer, necesitaba su planeta. En un momento en el que Enoch, sale al porche para reflexionar, Lucy, la chica sordomuda aparece, huyendo de algo, y presentando numerosas heridas en la espalda. De modo instintivo e irracional, Enoch introduce a la muchacha en la estación.

Enoch sale en busca de los perseguidores de Lucy y descubre que se tratan del padre y el hermano de la muchacha. El hombre, había maltratado a su hija, porque esta había impedido, utilizando extrañas capacidades, que estos adiestrasen a un perro con una indefensa liebre.

Enoch niega haber secuestrado a la chica, pero la necedad del padre es tal que en un momento, decide asaltar la casa. Portando un hacha decide abrir de un golpe la puerta, pero lógicamente le es imposible. Ídem con una ventana. De este modo, el hombre decide irse furioso y, evidentemente, impresionado por lo que acababa de ocurrir.

Enoch se encuentra entonces en una situación comprometida. Los cien años de discreción quizás acabarían por romperse debido a un solo momento de irracionalidad. Lucy, en el interior de la estación es capaz de activar algunos de los objetos para los que Enoch no encontraba utilidad alguna.

Ulises llega de nuevo a la estación. Enoch le explica la presencia de Lucy en la misma, pero le expone que no corren peligro ya que la muchacha es incapaz de contar lo que ha visto. Ulises también es portador de malas noticias: alguien ha profanado la tumba del hazer, y esto ha provocado un revuelo en toda la galaxia. Algunos sectores, poco convencidos de que la raza humana sea merecedora de disfrutar del contacto interplanetario, en el que tantas esperanzas había puesto Enoch, podrían utilizar este hecho como argumento para retirar la estación y negarle a la Tierra esa posibilidad.

Otro hazer llega a la estación para investigar el caso de la tumba profanada. Lucy no muestra ningún tipo de prejuicio o miedo ante estas formas tan extrañas de vida.

El vegano, junto con el que Enoch, va a inspeccionar la tumba, dice que su planeta está mucho más evolucionado que la humanidad. Se trata de un planeta en el que los fenómenos naturales, como el viento, están controlados. Esto, analizado desde un punto de vista físico plantea múltiples problemas; ¿qué clase de máquinas podrían alterar el curso natural de fenómenos naturales tan incontrolables y, en algunos casos, tan impredecibles como el viento?

Tras haber visitado la tumba profanada del vegano, Enoch decide devolver a Lucy Fisher a sus padres. Al llegar al hogar de la chica descubre, además de la de sus padres y hermanos, la presencia de otro hombre. Se trata del agente Lewis, que, para poder observar a Wallace, se hacía pasar por recolector y vendedor de ginseng. Lewis, decide desvelarle su verdadera personalidad a Enoch, y, además, se confiesa como el culpable de la desaparición del cadáver extraterrestre. Por ello, Enoch amenaza a Lewis con llegar a matarlo, si este no es capaz de devolverle rápidamente el cuerpo del hazer muerto.

En este capítulo Ulises expone a Enoch la gravedad del problema. Una máquina, o artefacto místico, que para los humanos podía denominarse “Talismán” clave para la unión y confraternización de todos los pueblos de la galaxia había sido extraviada o robada. Por otro lado, la humanidad amenazaba con otra guerra a escala mundial, y Ulises le plantea a nuestro protagonista una posible solución: se trata de un método por el cual todos los humanos quedarían incapacitados para comprender y reproducir los elementos de la tecnología moderna, tales como medios de transporte a motor, armas de fuego y nucleares, etc. Esto, sin embargo, parece no agradar demasiado a Enoch, puesto que se trata de una medida muy drástica que, sin duda, significaría un enorme retroceso. Analizando esta posibilidad desde la perspectiva que nos concierne, no podemos justificar este método de una manera racional, ya que no conocemos ningún método controlado que sea capaz de borrar la memoria. Mucho menos tratándose de una memoria y una capacidad específicamente relacionada con la ciencia y que, además, actúa sobre muchos individuos simultáneamente y sucesivas generaciones.

En este capítulo la responsabilidad sobrepasa los límites de nuestro protagonista. Enoch no se encuentra capacitado para decidir por toda la Tierra, pero, al mismo tiempo, no puede contarle a nadie la situación. Hacer balance entre las consecuencias de aplicar la “estupidez” frente a las de la guerra le resulta muy difícil y le plantea múltiples dudas.

La estación se ve colmada de una exagerada quietud. Las máquinas no captan mensaje alguno y esto lleva a Enoch a plantearse si quizás ya hubiesen cerrado la estación.

Durante su paseo diario, Enoch se encuentra a Lewis en lo alto de una colina. El agente parece intuir parte de las responsabilidades de Enoch, por lo que decide ponerse a su servicio e intervenir en lo que pueda para ayudar al protagonista. Este le exige el cadáver del vegano, y, posiblemente, un alto mandatario al que poder dirigirse en caso de que fuese necesario.

Continuando con su paseo diario, Enoch se encuentra con Winslowe, el cartero, el cual le advierte de que Hank Fisher, el padre de Lucy, se encontraba bebiendo en la tasca del pueblo y de que, muy posiblemente, conseguiría levantar una revuelta contra él y la estación.

Enoch decide refugiarse en la inquebrantable estación, pero no encuentra fuerzas para realizar sus quehaceres personales. Entonces, decide evadirse un poco, optando por practicar el tiro al blanco.

El protagonista desciende a los sótanos de la estación reservados principalmente a albergar parte de la maquinaria de la misma, tanques de contención de las distintas disoluciones necesarias para los viajeros, y diversos objetos que había ido acumulando a lo largo de los años. En una estancia de los sótanos Enoch, activa un dispositivo por el cual su entorno cambia, transformándose en una colina habitada por monstruos en la que puede practicar el tiro con su fusil. Este recurso no es exclusivo de la novela; podemos verlo también en comics, como la sala de entrenamientos de los X-Men, o las ilusiones creadas por Misterio, uno de los enemigos de Spiderman, o el Holodeck de Viaje a las Estrellas que crea ambientes holográficos de gran realismo.

Resulta un fenómeno difícil de explicar, ya que no se trata de una realidad virtual convencional. El personaje no utiliza gafas ni ningún otro dispositivo. Es su entorno el que cambia, dando la impresión de estar en otro lugar, viendo, oyendo y sintiendo cosas que no están a su alrededor.

En este capítulo se nos explica como los responsables de la implantación de la estación le habían preguntado a Enoch si tenía alguna afición especial y como, al responder éste que le gustaba el tiro al blanco, habían construido la sala especial para divertimento del protagonista.

También en el sótano, Enoch encuentra un baúl perteneciente al viejo hazer muerto. En su día no le había dado importancia, pero en ese momento la curiosidad le asalta y decide ver de nuevo su contenido. En su interior encuentra unos escritos, en los que el vegano detallaba su preocupación por el Talismán, ya que este, aparte de estar extraviado, no tenía ningún “sensitivo”, o ser capaz de custodiarlo. Los sensitivos son seres dotados de capacidades psíquicas o espirituales, que los hacen distintos de sus semejantes.

Enoch percibe que uno de los materializadores de la estación está en funcionamiento y, al dirigirse a ver quién es su visitante, descubre que se trata de una extraña criatura en forma de rata bípeda que porta un arma y que no aparenta llevar buenas intenciones. Ambos se enzarzan en una dura pelea, pero finalmente el extraño roedor logra huir saliendo de la estación.

El protagonista, fusil en mano, decide perseguir a la criatura, pues, al igual que los humanos tenían prohibido sin saberlo el viaje espacial, los extraterrestres tenían vedada la Tierra como territorio a visitar. De ahí el título de la novela.

Enoch logra acorralar a la “rata” en un vado natural, pero, cuando se disponía a atraparla, Lucy se interpone involuntariamente en su camino y Enoch, con el objeto de salvarla se abalanza sobre ella para impedir que sea el blanco de los posibles disparos de la criatura. El extraterrestre les dispara, y aquí se presenta un fenómeno que podríamos analizar bien desde lo que nos compete: el arma del roedor resulta ser un láser, y al ser disparado genera gran cantidad de calor, funde el suelo, y también da como resultado un fuerte olor a ozono en el ambiente. Esto está bien pensado, ya que, como sabemos, el ozono O3, se forma a partir del oxígeno en las altas capas de la atmósfera donde las radiaciones del sol poseen una gran cantidad de esta energía. Es este ozono resultante el que impide que tan solo se filtren a la superficie terrestre una pequeña cantidad de esas radiaciones, como la radiación ultravioleta, o el espectro visible. Por otra parte, también se forma ozono, mediante la misma reacción, en las inmediaciones de los rayos en las tormentas eléctricas.

Finalmente, y ante la presencia de Ulises, el cual llega en el momento en que la “rata” tiene como presa a Lucy, Enoch realiza un arriesgado disparo que logra matar a la criatura y liberar a la muchacha. Curiosamente esta recupera un objeto portado por la criatura, y que, en contacto con ella, emite una luz muy intensa. Se trata del Talismán.

El poder del Talismán es el de unir a un hombre con todo el universo, aunque, según el narrador, no hay palabras que puedan explicar las sensaciones que provocan. De una cosa no cabía duda; el Talismán era una herramienta muy evolucionada, lejos de cualquier tecnología humana. Pero aparte de esto, parecía que también existían sensitivos entre los humanos.

Tras recuperar el objeto, Enoch, Lucy y Ulises, se encuentran con Lewis y con Winslowe. El primero les informa que ya han devuelto el cadáver. El segundo les advierte de que una muchedumbre enfurecida se dirige a la estación. En el momento en que el protagonista y sus amigos, llegan a la estación, la turba se calma debido al efecto del Talismán, y algunos, como el padre de la sensitiva, se alejan corriendo, ya que el Talismán es capaz de liberar sus temores internos.

Enoch y sus compañeros devuelven al hazer a su tumba. Tras esto, Ulises expone la necesidad o preferencia de llevarse a Lucy como portadora y custodio del Talismán. Mientras que, en lo relativo a la Tierra, se plantean la posibilidad de solicitar una comisión mundial para, por medio de la influencia del Talismán, impedir la guerra y desvelar a todo el mundo la existencia de vida en otros planetas.

En este capítulo no ocurre nada reseñable. Simplemente Enoch recorre el entorno de la estación con una sensación de alivio y tranquilidad. Se encuentra con el cadáver de la criatura asesinada, y se lamenta por haber sido el encargado de realizar tan funesto trabajo.

Finalmente Enoch regresa a la estación. Ahora ya no se encuentra tan solo, puesto que puede hablar abiertamente con los terrícolas así como con los extraterrestres. Decide ponerse a trabajar, como si nada hubiese sucedido, pero, no sabemos si quizás a causa de uno de los objetos que Lucy consiguió accionar, Mary, la ilusión creada artificialmente por su mente, se le aparece. Esta vez es distinta, puesto que parece verdaderamente corpórea, no solo a la vista si no también al tacto. No obstante ella prefiere irse puesto que, en esencia, su vida y su personalidad no son reales, son solo el fruto de las aspiraciones y deseos de Enoch.

Obtenido de "Estaci%C3%B3n de tr%C3%A1nsito"

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