Pedro de Candía

Pedro de Candía

Pedro de Candía

Pedro de Candía
Arcabucero-Pedro de Candia.jpg
Conquistador y explorador
Artillero Mayor del Perú
Años de servicio 15091542
Lealtad Flag of New Spain.svg España
Participó en Conquista del Imperio Inca
Guerra civil entre los conquistadores del Perú

Nacimiento ¿1484?
Creta
Fallecimiento 16 de septiembre de 1542
Campo de Chupas, cerca de Huamanga, Perú

Pedro de Candía (* Creta, ¿1484? – † Chupas, Perú, 1542), apodado “El Griego”, fue un aventurero griego naturalizado español, uno de los principales actores de la conquista del Perú y de las guerras civiles entre los conquistadores. Fue uno de los Trece de la Isla del Gallo y Artillero Mayor del Perú. Físicamente fue un hombre muy alto y corpulento.

Contenido

Primeras armas

Originario de la isla de Creta, pertenecía a una noble y antigua familia italiana con posesiones en dicha isla: la casa de Candia. A la muerte de sus progenitores durante un ataque de los turcos otomanos, fue llevado a Italia, a Castelnuovo, donde fue criado por su tío materno de estirpe aragonesa, y posteriormente se trasladó a España.

Empezó su carrera militar como artillero y polvorista en la toma de Orán (1509), en el sitio de Bugía y en la rendición de Trípoli (1510), campañas que hizo a las órdenes de Pedro de Vera, jefe de la artillería española. Luego de asistir a la batalla de Pavía (1525) pasó a España y sirvió con los Guardas de Castilla.

Se casó, según parece, en Villalpando, pero dejando a su mujer pasó luego a América en compañía de Pedro de los Ríos cuando éste fue nombrado gobernador de Tierra Firme (Panamá), adonde llegó en julio de 1526.

Uno de los 13 de la Fama

Cuadro de Juan Lepiani que representa el episodio de los Trece de la fama.

Ya en América, se plegó a la hueste que a la sazón formaba Diego de Almagro para reforzar la expedición destinada a descubrir las regiones situadas más al sur (1526). Unidos a Francisco Pizarro en las inmediaciones del río San Juan (enero de 1527), dispuso éste la exploración de las costas pero a la postre juzgó el futuro conquistador que su empresa requería más hombres y decidió establecerse en la Isla del Gallo (3 de junio de 1527) para esperar los que Almagro debía reclutar en Panamá. Al mismo tiempo llegaron algunas quejas a poder del gobernador Pedro de los Ríos; armose un proceso en torno a ellas y para amparar a los quejosos envió como juez a Alonso Tafur. Sólo trece hombres declararon estar dispuestos a continuar en la empresa y con ellos quedó Pedro de Candía. Pizarro lo trató con especial deferencia y lo hizo partícipe de su propia comida.

En Tumbes

Hallose luego Candía en la exploración de la costa pacífica de los actuales Colombia y Ecuador (marzo a setiembre de 1528). En Tumbes (extremo norte de la costa peruana) se arriesgó a adentrarse en la ciudad, que de lejos parecía una fortaleza; se cubrió con una gruesa cota de malla y celada de hierro, se ciñó al cinto una espada, embrazó una rodela de acero y cogió su arcabuz; otros cronistas añaden que llevaba también una gran cruz de palo. Según contó después a sus compañeros, Candía avanzó hacia el pueblo, donde los indios, reunidos en la plaza, le pidieron que demostrara el poder de su arcabuz. Candía accedió; cargó su arma y disparó a distancia hacia un tablón que estalló en pedazos, lo que causó gran admiración y estupor entre los presentes. Luego, los indios le arrojaron "un tigre y un león", para ver si usaría su arma como defensa; contra lo esperado, Candía arrojó al suelo su arcabuz, y los animales, en vez de atacarle, se le acercaron mansos y humildes. El Inca Garcilaso de la Vega diría más tarde que fue “el poder de la cruz” lo que amansó a las fieras e hizo que los indios vieran a Candía como un enviado de sus dioses. Sea como fuese, lo cierto es que los indios acogieron hospitalariamente a Candía, quien pudo apreciar los ricos ornamentos de oro y plata del templo y las casas, y sobre un paño trazó el plano urbano de la ciudad. De retornó entre sus compañeros, su relato causó asombro, y reforzó aún más los planes de la conquista. Sin embargo hoy sabemos que el episodio del león - que recuerda mucho a una leyenda del Cid - fue solo una fábula, declarada enteramente falsa en 1578, de acuerdo a una investigación detenida que se hizo en tiempos del virrey Francisco de Toledo.

Con Pizarro en España

Pero ante la necesidad de más recursos, el pequeño grupo de españoles comandados por Pizarro tuvo que volver a Panamá. Como el gobernador Pedro de los Ríos negó su autorización para reanudar la empresa, Pizarro se dirigió a España con el propósito de solicitar la merced del Emperador Carlos Quinto, llevando consigo a Pedro de Candía. Como principal testigo del descubrimiento del Perú, Candía sirvió de mucho para que se decidiese el Emperador a acordar las concesiones con Pizarro para la conquista. Él fue quien ante los miembros del Consejo de Indias habló elocuentemente sobre la tierra descubierta, expuso la relación y mostró el paño donde había trazado el plano de la ciudad de Tumbes, todo lo cual fue decisivo para convencer a los consejeros. Se firmó así la Capitulación de Toledo (26 de julio de 1529), en la cual se reconoció a Candía como hidalgo, y además se le hizo regidor de Tumbes y se le nombró Artillero Mayor del Perú con 60,000 maravedís de sueldo anual. Se le extendió también una licencia para fabricar cañones.

Tras una corta visita a su mujer en Villalpando, Candía retornó con Pizarro a América.

En la captura de Atahualpa

Ya en Panamá, se hicieron los preparativos para la Tercera Expedición al Perú. Candía fundió dos falconetes con su pertinente carga de pólvora. La expedición zarpó en enero de 1531, rumbo al sur. Candía desplegó valor en las guazábaras o combates con los indios de la isla de Puná. Luego desembarcó en Tumbes (febrero de 1532); estuvo en la fundación de Piura (15 de agosto de 1532) y en la marcha hacia las tierras interiores. En Cajamarca, mientras se aproximaba el inca Atahualpa con su séquito, se ubicó sobre un fortín situado en la plaza acompañado por tres soldados y las trompetas, y con un falconete o cañón pequeño dispuesto para disparar cuando le diesen la señal convenida (el otro falconete no fue usado pues se había estropeado). Llegado el momento, atronó el aire con el disparo y las voces de las trompetas, mientras la caballería arremetió a la multitud que rodeaba al Inca en la plaza. El efecto psicológico fue abrumador; reducido Atahualpa a prisión, ofreció por su libertad un fabuloso rescate, del cual correspondió a Pedro de Candía 9.909 pesos de oro y 407,2 marcos de plata.

En el Cuzco

Con Hernando de Soto, Diego de Agüero y Miguel de Estete fue destacado hacia Cuzco, en una misión destinada a explorar el Imperio inca; con el propósito de guiarlos y allanarles cualquier obstáculo, Atahualpa le asignó ocho sirvientes indios al servicio de esa misión.

Luego de la entrada de los españoles en la ciudad imperial de los incas, Candía estuvo presente en la fundación española de Cuzco (23 de febrero de 1534) y fue su primer Alcalde. En ella se le otorgaron dos solares en el barrio de Pucamarca, junto al río. Se amancebó con una princesa inca de quien tuvo un hijo, mencionado más tarde por el Inca Garcilaso de la Vega como condiscípulo suyo en la escuela de primeras letras, y quien al igual que su padre era alto y corpulento. Tal vez ese concubinato fue la razón por lo que Candía no hizo uso de la licencia que le otorgó el Emperador para ir a ver a su esposa en España.

En marzo de 1536 colaboró con 1200 pesos para ayuda de las guerras del Emperador y enseguida participó durante la defensa del Cuzco sitiada durante largos meses por Manco Inca. En esa ocasión tuvo a su cargo los pocos arcabuces junto con Martín de Florencia y cumplió con su deber, sin mayor lucimiento.

Cuando Hernando Pizarro fue tomado preso y sacado del Cuzco durante la rebelión de Diego de Almagro (1537), se le nombró depositario o administrador de los bienes de Hernando. No obstante, como era amigo de los Pizarro, Candía estuvo del lado de estos durante la guerra civil, que culminó con la derrota de Almagro en la Batalla de las Salinas (1538).

La Entrada de Ambaya

A fin de alejar del Cuzco a los soldados españoles, siempre dados a las revueltas, Hernando Pizarro concedió a varios capitanes “entradas” o autorizaciones para emprender conquistas en territorios aún no explorados. A Pedro de Candía le dio la autorización que le pidió para emprender el descubrimiento de un país situado al oriente del Cuzco y pasados los Andes. Una concubina india le había hecho creer que encontraría la tierra poblada y muy rica, que se denominaba Ambaya; y con esta esperanza, Candía gastó 85,000 pesos de oro que tenía y contrajo una deuda de otro tanto. Reclutó a 300 soldados, entre pizarristas y almagristas, y partió con ellos rumbo a la región oriental, la denominada Antis por los incas (1538)

Desde Paucartambo avanzaron hacia el este. La expedición, sin embargo, no tuvo el éxito esperado. La región era muy boscosa, azotada por fuertes lluvias. Llegaron a un monte que era peña viva, rodeado de arboledas, lo que impedía la marcha de los caballos. Solucionaron ingeniosamente el problema, izando los caballos con maromas hechas de los largos bejucos que colgaban de los árboles. Llegaron luego a una zona llamada Avisca, de clima muy caliente, que estaba poblado de indios antropófagos y que disparaban dardos envenenados, muy temibles. La confesión de un indio prisionero dio al traste con la última ilusión: el país era pobrísimo. Las tropas se desanimaron y arremetieron contra Candía, tildándole de extranjero y poco apto para el mando. Dió entonces marcha atrás, después de días de penurias, aunque, caso extraordinario en expediciones de este tipo, no perdió ningún hombre. En total habían avanzado 150 kilómetros, llegando a la selva del actual departamento peruano de Madre de Dios.

Apenas retornaba Candía de su fracasada incursión, cuando Hernando Pizarro salió en su búsqueda, pues se había enterado, por cartas interceptadas, que uno de los subordinados de Candía, Alonso de Mesa, pretendía amotinarse y marchar al Cuzco para liberar a Almagro el Viejo. Hernando apresó a Candía y a Mesa; el resto de los expedicionarios fueron entregados a Peránzurez, quien preparaba entonces una entrada al país de los Chunchos (junio de 1538). Comprobada la inocencia de Candía, Hernando Pizarro lo libertó, mientras que Mesa fue decapitado. Debido a este episodio amargo, Candía quedó muy resentido con los pizarristas. Pocos años después los almagristas asesinaban a Francisco Pizarro.

Muerte en la batalla de Chupas

Batalla de Chupas

Disgustado con el bando pizarrista, Candía se plegó al bando de Diego de Almagro el Mozo, a quien siguió a la sierra cuando se anunció la llegada del visitador Cristóbal Vaca de Castro a la cabeza del ejército leal al rey. En Huamanga fundió varios cañones que hicieron de la artillería de Almagro muy superior en comparación a la de sus rivales. Asimismo, fabricó pólvora y municiones, picas, corazas y otras armas, contando con el auxilio de un grupo de artífices griegos llamados “levantiscos”, ayudados por un grupo de indios plateros.

El 4 de setiembre de 1542, poco antes de que las fuerzas almagristas se encontraran con las realistas de Vaca, a Candía le llegó una carta de su yerno Agamenón, griego como él, invitándole a fingir mala puntería y errar los disparos durante la batalla que ya se veía inevitable. Entendiéndola que ya la habían leído los centinelas, Candía llevó la carta ante Almagro y se la leyó en consejo de capitanes. De esa forma trató de que no se le reconociese como culpable de traición, pero en realidad no parece que fuera del todo inocente.

Lo cierto es que durante la Batalla de Chupas la artillería almagrista fue colocado en una altura que dominaba el llano, pero fue tan ineficaz que el joven Almagro creyó haber sido traicionado por Candía; furioso, subió donde se hallaba y lo mató a lanzazos (16 de septiembre de 1542). En realidad no se ha determinado fehacientemente si los disparos erróneos de los cañones de Candía fueron producto de una negociación de éste jefe con Vaca de Castro, aunque es verosímil que haya querido reconciliarse con el bando del Rey de cualquier modo.

Fuente

  • Del Busto Duthurburu, José Antonio:
Diccionario Histórico Biográfico de los Conquistadores del Perú. Tomo I. A-CH. Lima, Librería STUDIUM S.A., 1986.
La conquista del Perú. Lima, Librería STUDIUM S.A., 1984.
La pacificación del Perú. Lima, Librería STUDIUM S.A., 1984.
  • Inca Garcilaso de la Vega: Historia general del Perú. Tomo I. Lima, Editorial Universo S.A., 1972.
  • Mendiburu, Manuel: Diccionario histórico-biográfico del Perú. Parte primera que corresponde a la época de la dominación española. Tomo II. Lima, 1876.
  • Tauro del Pino, Alberto: Enciclopedia Ilustrada del Perú. Tercera Edición. Tomo 3, BEI-CAN. Lima, PEISA, 2001. ISBN 9972-40-152-5
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