Filósofo griego

Filósofo griego

Filósofo griego

En la Grecia clásica no se da el nombre de filósofos a los que se dicen sabios (sofistas) sino a los que, como Sócrates, parten del Solo sé que no sé nada y se autodenominan amantes de la sabiduría para buscar una verdad no recogida del mito sino basada en el ejercicio de la razón (logos) y en la exposición a los demás (el contraste de la razón propia con la razón ajena).

El contexto en que esto surge es la Atenas de mediados del siglo V a. C., durante el prolongado mandato del arconte Pericles. Gestada por el ambiente sociopolítico (esclavismo, democracia), simultáneamente al Teatro y al Arte clásico, se da la partida de nacimiento a la Filosofía, o más bien de la actitud filosófica. La institucionalización del filósofo y su incómoda función social (diferenciada tanto de la del pedagogo como de la del demagogo) comienza tras la condena y suicidio legal de Sócrates, con la Academia de Platón, y continuará con Aristóteles (cada uno de ellos discípulo del anterior).

El pensamiento griego anterior, con autores fundamentalmente procedentes no de la Grecia europea, sino de la asiática Jonia (Parménides, Heráclito, Protágoras...) que suelen recibir el nombre de filosófos presocráticos, era en su momento ya claramente distinto de los pensamientos llamados prefilosóficos de las civilizaciones de Egipto y Oriente Medio.

Los factores responsables de estas diferencias, además del esclavismo y la democracia ya citadas, pueden considerarse desde la geografía (que empuja a la polis griega al mar, al comercio y al contacto con lo diferente), la atomización política (con ausencia de un poder único anulador de las diferencias al que los griegos se habían resistido eficazmente en las Guerras Médicas), y el antropocentrismo de su cultura, que convertía a la griega en la sociedad más secular y menos proclive al providencialismo de la Antigüedad.

Por lo dicho, cabe ubicar el surgimiento del filósofo griego, dentro de lo que en la historiografía occidental se ha denominado "milagro griego", y que puede ubicarse en los siglos VI o V antes de Cristo. Hoy nos desconcierta que un arquetipo humano tan típico como el filósofo, y tan esencial al hombre entero, haya surgido con precisión en esta cultura y no en otras, simultáneas o precedentes, en toda su pureza. Porque el "asombro" o la "admiración"-como origen de la filosofía ya en Platón y Aristóteles-, no son temples "históricamente condicionados", sino de la humanidad en tanto tal y en sentido lato. No de otra manera, debemos entender el "pasmo" metafísico, que arrastra al hombre prehistórico de modo generalizado, a la creación de actitudes definidamente religiosas desde los primitivos orígenes.

La caracterización que en Grecia se ha hecho del filósofo ha de ser paradigmática en lo sucesivo. Se trata de un hombre no movido por actitudes pragmáticas o utilitarias, perseguidor del saber por el saber mismo, sin otro designio ulterior. Y no se habla aquí de una sabiduría amarrada a lo concreto, sino de la que es accionada por un apetito de generalidad con enfoque unitario. Por otro lado, es un saber insaciable, con el deseo manifiesto de no cejar en la persecución indagatoria de los últimos fundamentos. El preguntar es por esto, en principio, ilimitado e incesante, y enteramente desprovisto de la fácil apelación a presupuestos que inhiban nuevos interrogantes. Al mismo tiempo, y como corolario de lo dicho, en el filósofo siempre se encuentra enhiesta una definida actitud "crítica", o de duda, para el propio pensar o para el ajeno, ya sea del presente o del pasado.

Bibliografía

Véase también

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