Blaverismo

Blaverismo

El blaverismo (en valenciano: blaverisme) es la denominación con que habitualmente se conoce a un movimiento político anticatalanista surgido durante la Transición democrática española en la región de Valencia. Debe su nombre a la apasionada defensa por parte de este movimiento de la franja azul (blava en valenciano) en la bandera de la Comunidad Valenciana. Esta denominación tenía originalmente una connotación negativa —que aún se mantiene entre los grupos sociales y políticos que consideran al blaverismo como un tipo de ultraderecha—,[1] [2] [3] aunque modernamente es asumida y reivindicada por algunos de sus integrantes para diferenciarse de otros movimientos que, al igual que éste, se autoproclaman también valencianistas pero contrarios al secesionismo lingüístico.[4]

El blaverismo es un movimiento originalmente populista y heterogéneo, de base españolista y nacido durante la transición democrática, que aglutina sectores de ideología mayoritariamente regionalista. El movimiento tiene especial arraigo en la capital y las comarcas adyacentes. Aunque inicialmente nació como reacción contra la corriente pancatalanista del nacionalismo valenciano, en la actualidad utiliza de forma despectiva el término "catalanista" contra cualquier ideología o grupo político que no coincida plenamente con las tesis blaveras sobre el valenciano y la adscripción nacional de los valencianos.

Contenido

Surgimiento del blaverismo

Hay dos puntos de vista acerca del surgimiento del blaverismo. Los dos son parcialmente complementarios, y diferentes sensibilidades políticas pondrán más énfasis en uno u otro.

Reacción al fusterianismo

El blaverismo, de acuerdo a sus partidarios y algunos de sus críticos, surge como reacción a las tesis pancatalanistas del escritor valenciano Joan Fuster. Fuster, en su ensayo Nosaltres els valencians (1962) y otros escritos, promulga un nacionalismo esencialista, basado fundamentalmente en la lengua y en factores culturales (aunque también, en menor grado, étnicos) y concluye, tras un análisis histórico de la identidad valenciana influido por el marxismo, que los valencianos, mayoritariamente o esencialmente, comparten nacionalidad con sus vecinos catalanes.

Estas tesis gozarán de éxito entre buena parte de la intelectualidad y de los universitarios de los años 60, por su componente claramente antifranquista y de ruptura, que a su vez contagiará a toda la izquierda (cuyos partidos políticos adoptarán mayoritariamente la bandera cuatribarrada y el término País Valenciano, incluso cuando rechacen el pancatalanismo). La ruptura fusteriana no fue planteada sólo en relación con el franquismo, sino también con el valencianismo anterior a la Guerra Civil.

La ruptura interna del valencianismo provocada por el surgimiento del nuevo valencianismo fusteriano favorecería la derivación (y el notable éxito) de una parte del valencianismo tradicional hacia planteamientos claramente anticatalanistas, dando lugar al blaverismo. Este movimiento hará suyo un determinado universo simbólico al que el nuevo valencianismo de raíz fusteriana había renunciado, arrastrando hacia sus planteamientos a los participantes de lo que, siguiendo al profesor A. Ariño, cabe llamar un valencianismo emotivo o temperamental.

Es importante enfatizar que lo que definirá al blaverismo no será la denuncia del argumento esencialista fusteriano como falaz, sino su respuesta igualmente esencialista pero del todo antagónica. A la frase de Fuster: «No es que la bandera valenciana sea igual que la catalana. Es que es la misma. Al igual que la lengua, y tantas otras cosas», el blaverismo responderá con una negación rotunda de que ambas comunidades compartan alguno de estos aspectos.

La transición democrática y la UCD

Algunos críticos del blaverismo, particularmente desde la izquierda, relativizan la importancia del punto de vista anterior y consideran un anacronismo el hecho de que, mientras el fusterianismo nace con la publicación de Nosaltres els valencians en 1962, el blaverismo no se manifestará hasta 1977, en plena transición democrática. De hecho, el libro de Fuster será publicado en 1962 por la valencianista Editorial Torre, de Xavier Casp y Miquel Adlert, sin problema alguno.

Por el contrario, estos críticos enfatizan el papel que habrían jugado al respecto políticos de la UCD valenciana como Fernando Abril Martorell, el catedrático asesinado por ETA Manuel Broseta y el abogado Emilio Attard que, después de las primeras elecciones democráticas de 1977 ganadas por la izquierda en Valencia, habrían decidido recoger la bandera del anticatalanismo para frenar el avance de los socialistas, comunistas y nacionalistas partidarios de una buena vecindad con Cataluña, y a los que se acusará de catalanistas o catalanizadores. La primera declaración anticatalanista de un dirigente de la UCD corresponderá a Attard, máximo dirigente de la provincia de Valencia, en diciembre de 1977. En 1978, el escritor Vicent Andrés i Estellés es despedido como redactor jefe del diario Las Provincias por supuestas presiones políticas procedentes de la UCD, y en junio del mismo año se publica en el mismo diario el artículo de Manuel Broseta, primero de una serie de colaboraciones estructuradoras de las ideas anticatalanistas y de la presunta estrategia de la UCD a este respecto.

La identificación de la UCD con el ideario blavero llegará a ser absoluta. Durante las negociaciones del Estatuto Valenciano, la UCD defenderá: a) la bandera coronada tricolor, contra la cuatribarrada que defendían los ponentes socialistas y comunistas; b) la denominación valenciano para la lengua propia constaría sin referencia alguna a su filiación lingüística; c) la denominación de Reino de Valencia para la comunidad autónoma, contra la de País Valenciano que defendía la izquierda. A pesar de su posición minoritaria, la UCD valenciana hará valer su capacidad de bloqueo para imponer sus tesis en todos estos puntos, menos en el último. Finalmente, la UCD nacional rechazará la denominación País Valenciano en el Congreso de Diputados y se acabará adoptando la nueva denominación, sugerida por Emilio Attard, de Comunidad Valenciana.

Igualmente, según estos críticos, se habría favorecido la infiltración de destacados elementos de la derecha franquista en el valencianismo tradicional. De hecho, Attard llegó a incorporar en 1978 a la UCD, como militantes, a miembros del ultraderechista Grupo de Acción Valencianista, fundado el año anterior.

Estos elementos ultraderechistas encabezarán los sectores más extremistas y en ocasiones agresivos del movimiento, y se les atribuirán diversas acciones en 1977 y 1978, como la colocación de bombas contra librerías, insultos y ataques a autoridades democráticas en la procesión cívica del 9 de octubre, descalificaciones y persecuciones desde medios de comunicación de instituciones y personas por catalanistas, agresiones físicas y quema de locales públicos. Este tipo de acciones continuará en años sucesivos: la quema de la señera oficial del Consell Preautonómico (sin la franja azul coronada) en el balcón del Ayuntamiento de Valencia en octubre de 1979, y la agresión a miembros del Consell Valencià de Cultura en la primavera de 1998 serán algunas de las que tendrán más repercusión. Las dos principales figuras públicas del nuevo valencianismo, Manuel Sanchís Guarner y Joan Fuster, sufrirán sendos atentados con bomba en 1978 y 1981 respectivamente, de los que no se responsabilizará ningún grupo ni por los que persona alguna será imputada: sin embargo el Grupo de Acción Valencianista hará apología del primero de estos atentados en su revista "SOM" en octubre de 2002,[5] cuando el delito ya había prescrito.

Los símbolos

El Palleter, escultura en bronce de Emilio Caladín, profusamente utilizada en la iconografía blavera.

Como hemos señalado anteriormente, el blaverismo se definirá, por encima de todo, por su negación de que existan elementos simbólicos y culturales importantes que sean compartidos por catalanes y valencianos.

La bandera

La tradicional señera tricolor valenciana con la franja azul coronada junto al mástil, es desde la segunda mitad del siglo XIV, por privilegio real, el símbolo privativo u oficial de la ciudad de Valencia. Si este símbolo de la ciudad resultaba o no aplicable por extensión al resto del Reino, es una cuestión para la que existe un margen de discusión desde el punto de vista académico, ya que si bien la señera del rey (cuatribarrada), común a todos los territorios de la Corona de Aragón, tenía presencia en buena parte del territorio, la senyera tricolor, al igual que el escudo urbano, dada la macrocefalia ejercida por la ciudad de Valencia, era casi siempre utilizada en los atlas y documentos diversos para distinguir al reino de Valencia de los demás (para Aragón se colocaba el escudo con las barras rojigualdas y para los condados catalanes el escudo del condado de Barcelona).[cita requerida] Con el resurgimiento del valencianismo o sentimiento identitario valenciano, a finales del siglo XIX y principios del XX, la bandera tricolor adquirirá un carácter protagonista como símbolo privativo que en algunas ocasiones compartirá con la señera cuatribarrada desnuda (que será también honrada como el Pendón de la Conquista, encontrado el 1838).

El valencianismo pancatalanista fusteriano promoverá el uso exclusivo de la señera cuatribarrada desnuda (a la que él considerará la bandera legítima del antiguo Reino de Valencia) como símbolo compartido con el resto de los territorios de habla catalana. A ello responderá el valencianismo blavero con el uso, ahora ya totalmente exclusivo, de la bandera tricolor, si bien no son los únicos que defienden esta enseña, aunque sea una de sus características identitarias principales.

En el Estatuto de Autonomía de 1982 la señera tricolor coronada será designada bandera oficial de la Comunidad Valenciana.

La lengua

Manifestación en la ciudad de Valencia "contra la intromisión de Cataluña y en defensa de la lengua".

Sin duda, la vertiente lingüística del movimiento es su rasgo más definitorio tal y como asumen los principales diccionarios valencianos.

Por oposición a la caracterización por Joan Fuster de los valencianohablantes como pertenecientes a la nacionalidad catalana, los blaveros abogarán por un uso dialectalizante del valenciano, y rechazarán las unitaristas Normas de Castellón de 1932 para optar por las diferentes normativas ortográficas secesionistas del catalán propuestas por la Real Academia de Cultura Valenciana a partir de 1978. Este proceso se iniciará con el ensayo de Miquel Adlert En defensa de la llengua valenciana: perqué i cóm s’ha d’escriure la que es parla (1977) y los protagonistas del mismo serán el propio Adlert y el poeta Xavier Casp, quienes evolucionaron durante los años 70 desde una postura unitarista inicial.

El blaverismo lingüístico cosechará importantes éxitos durante los primeros años de su andadura, en lo que se ha llamado Guerra de la Lengua. En octubre de 1979, sus tesis se impondrán en Lo Rat Penat, institución símbolo del valencianismo cultural. En marzo de 1981, pocos días antes de comenzar las negociaciones del Estatuto, la UCD dará su apoyo a las Normas del Puig de la RACV que habían sido firmadas ese mismo mes. Incluso el Estatuto de Autonomía llegará a publicarse en el Diario Oficial de la Generalidad Valenciana el 15 de julio de 1982 con esta última normativa ortográfica. Sin embargo, a pesar de estos éxitos iniciales, los intentos de institucionalizar estas normas pronto fracasarán, por razones tanto políticas (hundimiento de la UCD) como culturales (amplio rechazo en la comunidad científica y universitaria) y sociológicas (la limitada difusión que llegarán a tener entre los hablantes).

En 2001 se constituirá la Academia Valenciana de la Lengua, única autoridad lingüística oficial en la Comunidad Valenciana y no subordinada al Instituto de Estudios Catalanes. El objetivo manifiesto por parte de los partidos políticos valencianos mayoritarios será el dejar, de esta manera, fuera del debate político el tema de la lengua. En el preámbulo de su Ley de creación 7/1998, del 16 de septiembre, se dice que: «El valenciano, idioma histórico y propio de la Comunidad Valenciana, forma parte del sistema lingüístico que los correspondientes estatutos de autonomía de los territorios hispánicos de la antigua Corona de Aragón reconocen como lengua propia.» Asimismo, el Artículo 3 de dicha Ley declara que una de sus funciones será «velar por [...] la normativización consolidada, a partir de las llamadas Normas de Castellón». El ingreso en la Academia Valenciana de la Lengua de Xavier Casp, cuando todavía era decano de la Real Academia de Cultura Valenciana, supondrá un duro golpe para el blaverismo.

Esta postura unitarista de la Academia Valenciana de la Lengua será refrendada en un dictamen aprobado por unanimidad el 9 de febrero de 2005 (Dictamen sobre los principios y criterios para la defensa de la denominación y la entidad del valenciano), en el que se afirma que «la lengua propia e histórica de los valencianos, desde el punto de vista de la filología, es también la que comparten las comunidades autónomas de Cataluña y las Islas Baleares, y el Principado de Andorra Este último dictamen será asumido por la Generalidad Valenciana y por la totalidad de las fuerzas políticas con representación en el Parlamento valenciano.

Evolución del blaverismo

El blaverismo tuvo varias expresiones políticas definidas tras la desaparición de la UCD, entre ellas destaca el partido Unión Valenciana, fundado en 1982, que ha formado parte de gobiernos locales y autonómicos.

Fruto de la heterogeneidad de este movimiento, hace falta destacar la existencia de varios grupos como el que puede representar la extinta Joventut Valencianista, nacidos en el seno del blaverismo y que durante los años 90 evolucionaron hacia posicionamientos nacionalistas y que en algunos casos lo hicieron también con reflexiones provenientes de la tradición fusteriana en un intento de convergencia bautizado como tercera vía.

Este y otros procesos, como por ejemplo la constitución de la Academia Valenciana de la Lengua o la sustitución parcial del discurso practicado por los fusterianistas (visualizado por una parte importante de la sociedad valenciana como "intento anexionista") han menguado la fuerza social de este movimiento.

El blaverismo también ha tenido su expresión violenta materializada en el Grup d'Acció Valencianista (GAV), una organización autodenominada como valencianista, en cuya revista interna "Som" reconocen ser los autores de la quema de la señera preautonómica en el 9 de octubre de 1977 en el Ayuntamiento de Valencia. Además, por ese mismo número, publicado en el año 2002, fueron denunciados por el BNV de hacer apología del terrorismo ya que manifiestan en ella su aprobación con los atentados con bomba contra Joan Fuster y Manuel Sanchís Guarner.

Recientemente, desde el año 2005, el blaverismo ha sido acusado por diferentes fuerzas políticas progresistas y nacionalistas valencianas de atentar contra las sedes del BNV en Valencia[6] [7] y localidades de los alrededores.

Véase también

Referencias

Enlaces externos


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