Luis Barragán Morfín

Luis Barragán Morfín
Luis Barragán Morfín
Información personal
Nacimiento 9 de marzo de 1902
Bandera de México Guadalajara, Jalisco, México
Defunción 22 de noviembre de 1988, 86 años
Bandera de México México, D. F., México
Carrera profesional
Premios Premio Pritzker

Luis Barragán Morfín (Guadalajara, Jalisco, México; 9 de marzo de 1902 - México, D. F.; 22 de noviembre de 1988) fue uno de los arquitectos mexicanos más importantes del siglo XX y único de su nacionalidad en obtener el Premio Pritzker en 1980. Luis Barragán es uno de los arquitectos más influyentes de la modernidad mexicana, su obra es notoria en arquitectos actuales no sólo en aspectos visuales sino conceptuales. Sus edificaciones son frecuentemente visitadas por estudiantes y catedráticos de arquitectura de prácticamente todo el orbe.

Contenido

Biografía

Luis Barragán nació en el seno de una próspera familia de hacendados, muy católica como era lo normal en las familias de su estirpe. Fue hijo de Juan José Barragán y Ángela Morfín. Pasó su niñez al lado de sus padres y sus seis hermanos, tres mujeres y tres hombres, en el barrio de Santa Mónica en Guadalajara. Solía pasar sus vacaciones y prolongadas estancias en la hacienda de Los Corrales, en las inmediaciones de Mazamitla, Jalisco. La experiencia infantil de esas estancias en el campo, en el entorno rural mexicano, en la naturaleza serrana donde estaba la hacienda familiar, dejaría una profunda huella que se reflejaría en su creación artística y daría como resultado la "definición de un estilo mexicano universal". Estudió en la Escuela Libre de Ingenieros de Guadalajara, donde conoció a personajes como Rafael Urzúa y Pedro Castellanos, con quienes entabló una profunda y perdurable amistad. Su interés por la arquitectura, según afirmaba él mismo, había nacido fundamentalmente de la influencia del ingeniero Agustín Basave, uno de sus ilustres maestros.

Viajó a Francia y España de 1925 a 1926; en París visitó la Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes. Una de las imágenes que más le impresionó en esa época fue la foto de un jardín diseñado por Ferdinand Bac, que ese año había publicado un libro titulado Jardins enchantés, lo que llevaría a que se estableciera una relación personal entre ambos. En su viaje tiene un encuentro con las culturas mediterráneas, tanto europeas como musulmanas, que influyeron en su arquitectura (en especial con la ciudades mediterráneas, la jardinería y el uso expresivo del agua y con la Alhambra de Granada). Conoció a Le Corbusier en 1931 cuando asistió a sus conferencias en París y tuvo la oportunidad de estudiar su obra.

Entre 1927 y 1936 ejerció su práctica profesional en Guadalajara remodelando y proyectando casas con un estilo derivado tanto de las influencias de la arquitectura mediterránea como de las tradiciones locales. Su primera obra en forma fue la remodelación de la casa del licenciado Emiliano Robles León, notable abogado tapatío cuya residencia estaba en la esquina de las calles de Pavo y Madero. En dicha remodelación destacó el trabajo de la madera en barandales y puertas, diseñadas por el mismo Barragán, así como el patio central, dotado de una fuente. Encantado por el resultado de la obra del joven arquitecto, el señor Robles León le encargó posteriormente el proyecto para diversas casas de alquiler, así como el de su casa de descanso en Chapala. Su primera intervención en el espacio público fue, junto con su hermano Juan José, en el parque de la Revolución de Guadalajara (del cual, desafortunadamente, quedan apenas vestigios). En 1931 viajó a Nueva York donde conoció a Frederick Kiesler y se publicó por primera vez en el extranjero un artículo sobre su obra en Architectural Review y House and Garden. Posteriormente pasó a residir en la ciudad de México, donde proyectó varias construcciones habitacionales de inspiración funcionalista y con carácter netamente comercial, en su etapa conocida como racionalista. Viajó por Norteamérica y Europa muchas veces más; en 1951 visitó Marruecos.

Sin embargo, su interés por los jardines y la arquitectura paisajista y su deseo de no depender financieramente de sus clientes lo llevaron a la práctica de promotor inmobiliario. En 1945 diseñó y creó el plan de urbanización del Pedregal de San Ángel junto a otros arquitectos, entre ellos Max Ludwig Cetto Day, cuya casa fue la primera erigida en la zona. En 1943 adquiere unos terrenos en Tacubaya donde construye una primera casa (después conocida como Casa Ortega) y posteriormente su propia residencia anexa a un taller en 1947, la cual fue declara por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad[2] a partir de 2004 y que manifiesta plenamente su propio lenguaje arquitectónico, conocida como Casa Luis Barragán[3]; hoy está abierta al público previa cita.[1]

Su obra fue refinando un lenguaje en el cual se hallan elementos de la arquitectura vernácula de su región, la de España, la del Magreb y elementos de muchas otras culturas. El lenguaje formal de su arquitectura está hecho de construcciones masivas, con gruesos muros y aberturas dosificadas, donde los acabados son de marcada textura y a veces con brillantes colores. Elementos como el agua y la luz desempeñan un papel fundamental en sus proyectos, casi siempre enriquecidos por jardines.

Entre 1955 y 1960 restauró el convento de las Capuchinas Sacramentarias en Tlalpan; en 1957 realizó el proyecto de escultura urbana de las torres de Satélite, en colaboración con el escultor Mathias Goeritz, y en 1976 construyó su última obra: la Casa Gilardi, en la cual sobresale el uso del color en el insólito comedor-piscina.

Su discreto discurso (nunca le gustó pontificar en ningún sentido) sobre la arquitectura vernácula coincidió en los 60 y 70 con intereses estructuralistas y de semiótica de la arquitectura. El mundo arquitectónico de Nueva York lo lanzó al estrellato internacional mediante la exposición de 1976 del Museo de Arte Moderno de Nueva York[2] titulada The Architecture of Luis Barragan. Fue miembro del SAM y de la AIA.[3] Más tarde vendría la gran exposición en México (en el Museo Tamayo) y luego el Premio Nacional de Artes del gobierno de México.[4] El máximo reconocimiento arquitectónico mundial llegaría en 1980, cuando se le concedíó el Premio Pritzker[5] en su segunda edición. Murió a finales de 1988, a los 82 años de edad.

Amigos de Luis Barragán

Luis Barragán tuvo una interminable lista de conocidos, colaboradores y amistades de distinto grado de intimidad; entre esa multitud están: Jesús Chucho Reyes Ferreira, Ignacio Díaz Morales, José Villagrán García, Miguel Covarrubias y Rosa Rolando (Covarrubias), Clara Porset, Armando Salas Portugal, Juan Soriano, Edmundo O'Gorman, Gerardo Murillo Dr. Atl, Salvador Novo, José Clemente Orozco, Diego Rivera y Frida Kahlo, Dolores del Río, María Félix, Miguel Alemán Valdés, Eduardo Prieto López, John Huston, Louis I. Kahn, Josef Albers, Andy Warhol, Andrés Casillas de Alba, Ricardo Legorreta...

== Planos, Dibujos y Fotografías

La "Barragan Foundation", con sede en Basilea, Suiza, compró de la galería Max Protech en Nueva York buena parte de los papeles del archivo profesional de Luis Barragán: planos[4], dibujos y fotografías, esto después de una subasta que ganara en el año de 1996 el Vitra Design Museum.[6]

Ante la incapacidad del Estado mexicano de mantener en el país los papeles del despacho de Barragán, la heredera de esos bienes (la viuda de Raúl Ferrera) optó por venderlos a Max Protech en Nueva York. Ahí fueron comprados por los dueños de la empresa Vitra, que mantiene el acervo de este archivo, parte del cual se fue exponiendo en distintas capitales; en México la exposición tuvo el título de "La revolución callada" (2002 Museo del Palacio de Bellas Artes).[7]

Fue el fotógrafo Armando Salas Portugal[8] quien a lo largo de la vida de ese despacho se encargó de captar con su lente las imágenes de las obras de Luis Barragán; sus negativos tambíén fueron comprados por la fundación suiza en 1997.

Importancia y trascendencia de su obra

La figura de Luis Barragán ha venido cobrando una enorme importancia en el campo de la arquitectura internacional, a pesar del número reducido de sus obras. Ha tenido gran influencia en ciertas nuevas generaciones de arquitectos. Sus primeros proyectos, llevados a cabo en su nativa Guadalajara, están imbuidos de las experiencias tomadas de la arquitectura local y tienen una fuerte influencia de la tradición constructiva mediterránea. En la década de 1930 se estableció en la ciudad de México, donde primero construyó varias obras de estilo "internacional": casas y edificios de apartamentos dentro de las expresiones del espirit nouveau, construidos con gran economía de medios y un destino netamente comercial, pero ya con un lenguaje propio; sobreviven ejemplos de esta etapa en las calles de Río Elba, Río Mississipi y la plaza Melchor Ocampo, en la colonia Cuauhtémoc.

A partir de 1947, con su casa en Tacubaya,[9] (declarada patrimonio nacional de México en 1988 y patrimonio universal de la UNESCO en 2004), se va afirmando un estilo arquitectónico que él mismo llamó emocional, en el cual se funden sus impresiones de juventud con las de sus viajes, con las influencias de maestros y amigos en el manejo del color y la incorporación de antigüedades Jesús Reyes Ferreira, el manejo de volúmenes Mathias Goeritz, el diseño de mobiliario (Clara Porset) y el diseño de jardines (Ferdinand Bac, Frederick Kiesler, la tradición japonesa). Además de su propia residencia, cabe destacar las de las familias Gálvez,[10] Egeström[11] y posteriormente la de Francisco Gilardi;[12] y la no menos importante capilla de las Capuchinas Sacramentarias[13] en Tlalpan. En el campo del urbanismo hay que mencionar los ingresos y las destruidos de los Jardines del Pedregal de San Ángel[14] y las fuentes de Las Arboledas,[15] víctimas de la negligencia y el abandono. Fueron excelentes lecciones de civismo y amor a la naturaleza, en las que los espacios públicos adquirieron dimensiones generosas, donde se demostró que también fuera de la seguridad de su casa el hombre puede optar por la belleza. Sólo las Torres de Satélite han podido, precariamente, sobrevivir; estas torres las proyectó a petición de la familia Alemán Velasco, propietaria de la hacienda que hoy ocupa la urbanización de Ciudad Satélite, en el estado de México.

Discurso de Aceptación del Premio Pritzker 1980

1980 Fundación Hyatt. Premio arquitectónico Pritzker, 1980. Entregado a Luis Barragán. Redactado y firmado en México, D. F. entre los meses de abril y mayo.

Presentado en Dumbarton Oaks, Washington D.C., EE.UU. el 3 de junio de 1980.[16]

En este escrito, para cuya redacción solicitó la colaboración de su amigo Edmundo O'Gorman, Barragán sintetizó su concepto de la arquitectura.

DISCURSO DE LUIS BARRAGÁN AL RECIBIR EL PREMIO PRITZKER DE ARQUITECTURA 1980 (DUMBARTON OAKS, WASHINGTON, 3 DE JUNIO DE 1980)

Deseo dejar constancia de mi respeto y admiración por el pueblo estadounidense, gran mecenas de las ciencias y de las artes, ya que sin encerrarse dentro de los límites de sus fronteras las ha rebasado para distinguir de manera tan honrosa y generosa, en este caso, a un hijo de México. Tengo plena conciencia, por tanto, que el premio que se me otorga es un acto de reconocimiento de la universalidad de la cultura y en particular de la cultura de mi patria.

Pero como nunca nadie se debe todo a sí mismo, sería mezquino no recordar en este momento la colaboración, la ayuda y el estímulo que he recibido a lo largo de mi vida por parte de colegas, dibujantes, fotógrafos, escritores, periodistas y amigos personales que han tenido la bondad de interesarse en mi trabajo.

Quisiera valerme de esta ocasión para presentar a ustedes algunos pensamientos, algunos recuerdos e impresiones que en su conjunto expresen las ideas que sustentan mi trabajo. Ya a este respecto se anticipó, aunque con excesiva generosidad, el señor Jay A. Pritzker, cuando explicó a la prensa que se me había concedido el premio por considerar que me he dedicado a la arquitectura "como un acto sublime de la imaginación poética". En mí se premia entonces a todo aquel que ha sido tocado por la belleza.

En proporción alarmante han desaparecido en las publicaciones dedicadas a la arquitectura las palabras belleza, inspiración, embrujo, magia, sortilegio, encantamiento, y también otras como serenidad, silencio, intimidad y asombro. Todas ellas han encontrado amorosa acogida en mi alma, y si estoy lejos de pretender haberles hecho plena justicia en mi obra, no por eso han dejado de ser mi faro.

Religión y mito. ¿Cómo comprender el arte y la gloria de su historia sin la espiritualidad religiosa y sin el trasfondo mítico que nos lleva hasta las raíces mismas del fenómeno artístico? Sin lo uno y lo otro no existirían las pirámides de Egipto ni las nuestras mexicanas; no habría templos griegos ni catedrales góticas, ni los asombros que nos dejaron el Renacimiento y la edad barroca; ni las danzas rituales de los mal llamados pueblos primitivos ni el inagotable tesoro artístico de la sensibilidad popular de todas las naciones de la tierra. Sin el afán de Dios, nuestro planeta sería un yermo de fealdad. "En el arte de todos los tiempos y de todos los pueblos impera la lógica irracional del mito", me dijo una día un amigo, Edmundo O'Gorman, y con o sin su permiso me he apropiado de sus palabras.

Belleza. la invencible dificultad que siempre han tenido los filósofos para definir la belleza es muestra inequívoca de su inefable misterio. La belleza habla como un oráculo, y el hombre, desde siempre, le ha rendido culto, ya en el tatuaje, ya en la humilde herramienta, ya en los egregios templos y palacio, ya, en fin, hasta en los productos industriales de la más avanzada tecnología contemporánea. La vida privada de belleza no merece llamarse humana.

Silencio. En mis jardines, en mis casas, siempre he procurado que prive el plácido murmullo del silencio, y que en mis fuentes cante el silencio.

Soledad. Sólo en íntima comunión con la soledad puede el hombre hallarse a sí mismo. Es buena compañera, y mi arquitectura no es para quien le tema o la rehúya.

Serenidad. Es el gran y verdadero antídoto contra la angustia y el temor, y hoy, más que nunca, la habitación del hombre debe propiciarla. En mis proyectos y en mis obras no otro ha sido mi constante afán, pero hay que cuidar que no la ahuyente una indiscriminada paleta de colores. Es al arquitecto a quien le toca anunciar en su obra el evangelio de la serenidad.

Alegría. ¡Cómo olvidarla! Pienso que una obra alcanza la perfección cuando no excluye la emoción de la alegría, alegría silenciosa y serena para ser disfrutada en soledad.

La muerte. La certeza de nuestra muerte es fuente de vida, y en la religiosidad implícita en la obra de arte triunfa la vida sobre la muerte.

Jardines. En el jardín el arquitecto invita al reino vegetal a colaborar con él. Un jardín bello es presencia permanente de la naturaleza. Por la naturaleza reducida a proporción humana y puesta al servicio del hombre, es el más eficaz refugio contra la agresividad del mundo contemporáneo: "el alma de los jardines, decía Ferdinand Bac, alberga la mayor suma de serenidad de que puede disponer el hombre". Y fue Bac quien despertó en mí el anhelo de la arquitectura de jardín. Él decía: "en este pequeño dominio (sus jardines de Les Colombières) no he hecho otra cosa que unirme a la solidaridad milenaria a que todos estamos sujetos, que no es sino la ambición de expresar con la materia un sentimiento común a muchos hombres en búsqueda de un vínculo con la naturaleza al crear un lugar de reposo, de placer apacible". Ya se ve que es condición de un jardín aunar lo poético y lo misterioso con la serenidad y la alegría. No hay mejor expresión de la vulgaridad que un jardín vulgar.

En una vasta extensión de lava al sur de la ciudad de México me propuse, arrobado por la belleza de ese antiguo paisaje volcánico, realizar algunos jardines que humanizaran, sin destruirlo, tan maravilloso espectáculo. Paseando entre las grietas de lava, protegido por la sombras de imponentes murallas de roca viva, súbitamente descubrí, ¡oh sorpresa encantadora!, pequeños secretos y verdes valles rodeados y limitados por las mas caprichosas, hermosas y fantásticas formaciones de piedra que había esculpido, en la roca derretida, el poderoso soplo de vendavales prehistóricos. Tan inesperado hallazgo de esos valles me produjo una sensación no desemejante a la que tuve cuando, caminando por un estrecho y oscuro túnel de la Alhambra, se me entregó, sereno, callado y solitario, el hermoso patio de los mirtos de ese antiguo palacio. Contenía lo que debe contener un jardín bien logrado: nada menos que el universo entero. Jamás me ha abandonado tan memorable epifanía y no es casual que, desde el primer jardín que realicé en 1941, todos los que le han seguido pretendan con humildad recoger el eco de la inmensa lección de la sabiduría plástica de los moros de España.

Fuentes. Una fuente nos trae paz, alegría y apacible sensualidad y alcanza la perfección de su razón de ser cuando por el hechizo de su embrujo nos transporta, por decirlo así, fuera de este mundo. En la vigilia y en el sueño me ha acompañado a lo largo de mi vida el dulce recuerdo de las fuentes maravillosas: las que marcaron para siempre mi niñez, los derramaderos de aguas sobrantes de las presas; los aljibes de las haciendas, los brocales de los pozos en los patios conventuales; las acequias por donde corre alegremente el agua, los pequeños manantiales que reflejan las copas de los árboles milenarios y los viejos acueductos que desde lejanos horizontes traen presurosos el agua de las haciendas con el estruendo de una catarata.

Arquitectura. Mi obra es autobiográfica, como tan certeramente señaló Emilio Ambasz en el texto del libro que publicó sobre mi arquitectura el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En mi trabajo subyacen los recuerdos del rancho de mi padre donde pasé años de mi niñez y adolescencia y en mi obra siempre alienta el intento de trasponer al mundo contemporáneo la magia de esas lejanas añoranzas tan colmadas de nostalgia.

Han sido para mí motivo de permanente inspiración las lecciones que encierra la arquitectura popular de la provincia mexicana: sus paredes blanqueadas con cal, la tranquilidad de sus patios y huertas, el colorido de sus calles y el humilde señorío de sus plazas rodeadas de sombreados portales. Y como existe un profundo vínculo entre esas enseñanzas y las de los pueblos del norte de África y de Marruecos, también éstos han marcado con su sello mis trabajos.

Como católico que soy, he visitado con reverencia y con frecuencia los monumentales conventos que heredamos de la cultura y la religiosidad de nuestros abuelos, los hombres de la colonia, y nunca ha dejado de conmoverme el sentimiento de bienestar y paz que se apodera de mi espíritu al recorrer aquellos hoy deshabitados claustros, celdas y solitarios patios. Cómo quisiera que se reconociera en alguna de mis obras la huella de esas experiencias, como traté de hacerlo en la capilla de las monjas Capuchinas Sacramentarias de Tlalpan, en la ciudad de México.

El arte de ver. Es esencial para el arquitecto saber ver; quiero decir, ver de manera que no se sobreponga el análisis puramente racional. Y con este motivo rindo aquí un homenaje a un gran amigo que con su infalible buen gusto estético fue maestro en ese difícil arte de ver con inocencia. Aludo al pintor Jesús (Chucho) Reyes Ferreira, a quien tanto me complace tener ahora la oportunidad de reconocerle públicamente la deuda que contraje con él por sus sabias enseñanzas.

Y a este propósito no está fuera de lugar traer a la memoria unos versos de otro gran y querido amigo, el poeta mexicano Carlos Pellicer:

Por la vista el bien y el mal nos llegan. Ojos que nada ven, almas que nada esperan.

La nostalgia. Es conciencia del pasado, pero elevada a potencia poética, y como para el artista su personal pasado es la fuente de donde manan sus posibilidades creadoras, la nostalgia es el camino para que ese pasado rinda los frutos de que esta preñado. El arquitecto no debe, pues, desoír el mandato de las revelaciones nostálgicas, porque sólo con ellas es verdaderamente capaz de llenar con belleza el vacío que le queda a toda obra arquitectónica una vez que ha atendido las exigencias utilitarias del programa. De lo contrario, la arquitectura no puede aspirar a seguirse contando entre las bellas artes.

Mi socio y amigo Raúl Ferrera y el pequeño equipo de nuestro taller comparten conmigo los conceptos que tan rudimentaria e insuficientemente he intentado presentar ante ustedes. Hemos trabajando y seguiremos trabajando animados por la fe en la verdad estética de esa ideología y con la esperanza de que nuestra labor, dentro de sus muy modestos límites, coopere en la gran tarea de dignificar la vida humana por los senderos de la belleza y contribuya a levantar un dique contra el oleaje de deshumanización y vulgaridad.

Barragán y el Pritzker Discurso de aceptación del Premio Pritzker por Luis Barragán

Obras y proyectos

Nota: Las fechas se encuentran ordenadas en orden cronológico y corresponden al inicio de las obras y/o proyectos

Torres de Satélite, (en colaboración con Mathias Goeritz.
Fuente de Los Amantes en Atizapán, Estado de México.

Véase también

Libros relacionados con la obra de Luis Barragán

  • Luis Barragán - The Eye Embodied, Wim van den Bergh, Kim Zwarts, Maastricht, Pale Pink Publishers, 2006. ISBN 9081008919.
  • Luis Barragan: architecte du silence, Luis Barragán y Marc Vaye, París, ESA Productions, 2004. ISBN 2-9521578-0-4.
  • Luis Barragán: búsqueda y creatividad, Louise Noelle, México, UNAM (Coordinación de Humanidades 2004. ISBN 970-32-1584-X.
  • Barragán: Space and Shadow, Walls and Colour, Danièle Pauly, Basel-Boston-Berlin, Birkhäuser, 2002. ISBN 3-7643-6679-6.
  • Luis Barragán: temas y variaciones, Ricardo Salas et al, México, Landucci, 2002. ISBN 968-5059-62-4.
  • Luis Barragán: La Revolución callada, Federica Zanco (ed.), Milano, Skira, 2001. ISBN 88-8491-186-9.
  • Luis Barragán, José María Buendía Júlbez, Juan Palomar y Guillermo Eguiarte, México, Reverté Mexicana, 1996. ISBN 968-6708-33-2.
  • Luis Barragan: paraísos-paradises, Juan Molina y Vedia, Luis Barragán, Rolando Schere, Hong Kong, A. Asppan S.L., 2003. ISBN 987-9474-02-3.
  • Voces de tinta dormida: itinerarios espirituales de Luis Barragán, Alfonso Alfaro, México, Artes de México, 1993.
  • Fotografías de la arquitectura de Luis Barragán, Luis Barragán y Armando Salas Portugal, Barcelona, Gustavo Gili, 1992. ISBN 84-252-1578-1.
  • Luis Barragán: Capilla en Tlalpan, Ciudad de México, 1952, Armando Salas Portugal y Raúl Ferrera, México, Sirio Editores, 1980. ISBN 968-7147-00-8.
  • The Architecture of Luis Barragan, Emilio Ambasz, Luis Barragán, Nueva York, University of Texas/MOMA, 1976. ISBN 0-87070-233-5.

Referencias

Bibliografía

  • Pérez-Méndez, Alfonso (2007) "Las casas del Pedregal, 1947-1968". Gustavo Gili, México. 323pp
  • Raúl Rispa (2003) "Barragán: the complete works", Princeton Architectural Press. Nueva York. 232pp
  • Flores García, Marisol (2002) "Guía de recorridos urbanos de la Colonia Hipódromo" Universidad Iberoamericana, México. 206pp
  • Maisterra, Nemesio (2002) "Luis Barragán - obra en Guadalajara", Tecnológico de Monterrey - Colegio de Arquitectos del Estado de Jalisco en Guadalajara. Guadalajara. 191pp
  • Danièle Pauly (2002) "Barragán: space and shadow, walls and colour", Birkhäuser Architecture. 231pp
  • Federica Zanco (2001) "Luis Barragán: the quiet revolution", Vitra Design Museum. Skira. Milán. 319pp
  • Juan Molina y Vedia (2001) "Luis Barragán: Paraísos", Asppan. Madrid. 144pp
  • Riggen, Antonio (2000) "Escritos y conversaciones" número 9, Biblioteca de Arquitectura, El Croquis Editorial, Madrid. 200pp
  • Castellanos Pinzón (1999) "Jalisco en el siglo XX, Perfiles", Guadalajara, Universidad de Guadalajara, Consejo Consultivo de Cátedras Empresariales, ACUDE, Gobierno del Estado de Jalisco, pp 157–164.
  • Buendía, José Mª (1996) Reverté Ediciones, México
  • Noelle, Louise (1996) "Luis Barragán: búsqueda y creatividad", Universidad Nacional Autónoma de México, México. 267pp
  • Revista Casas y Gente (1994) "El Portento de la creación: Luis Barragán, arquitecto, 1902-1988", en número 42, volúmen 5.
  • Revista "Artes de México" número 23 (1994) "En el mundo de Luis Barragán".
  • Sáenz de Valicourt, Carlos (1992) "Fotografías de Armando Salas Portugal sobre la arquitectura de Luis Barragán", Gustavo Gili, Barcelona. 167pp
  • José Alvarez Checa (1991) "Luis Barragán Morfín, 1902-1988: obra construida", Consejería de Obras Públicas y Transportes, Dirección General de Arquitectura y Vivienda, Sevilla. 249pp
  • Salas Portugal, Armando (1989) "Luis Barragán: conceptos, reflexiones y vivencias", en México Desconocido, núm. 149.
  • De Anda, Enrique Xavier (1989) "Luis Barragán: clásico del silencio", Colección Somosur, tomo VI, Escala, Bogotá. 239pp
  • Revista Federación de Colegio de Arquitectos de la República Méxicana (1984) Tomo 1 editada por la misma Federación. Guadalajara, Jalisco.
  • González Gortázar, Fernando (1980) "Tres Arquitectos Mexicanos", México en el Arte, Instituto Nacional de Bellas Artes, México,
  • Armella de Fernández Castelló, Corina y Héctor Velasco Facio (1989)
  • Ragon, Michel (1971) "Histoire mondiale de l'architecture et de l'urbanisme modernes", París, Casterman.
  • Chimay, Jacqueline de (1962) "Les jardins á travers le monde", París, Librairie Hachette.

Enlaces externos


Predecesor:
Philip Johnson
Premio Pritzker de Arquitectura
1980
Sucesor:
James Stirling

Wikimedia foundation. 2010.

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